NOMADAS_ CRITICAL JOURNAL


Social and Juridical Sciences · Scienze Sociali e Giuridiche
Ciencias Sociales y Jurídicas · Sciences Sociales et Juridiques

EDITORIAL POLICY

El pensamiento es tarea de vagos y maleantes. Hay que saber perderse para trazar un mapa: vagar por los márgenes y por el desierto,  fuera de las fortalezas en las que están encerrados la verdad, el bien y la belleza. Sólo los nómadas descubren otros mundos. Hay que saber pervertir la ley (jugar con ella) y a veces subvertirla (ponerla en cuestión) para cambiar y/o quitar la ley: provocar malos pensamientos en los bien-pensantes, asediar las sedes de la verdad, el bien y la belleza. Sólo los malditos mejoran este mundo (Jesús Ibáñez).

No fue tarea fácil superar las dificultades de origen vario a las que tuvo que enfrentarse ‘Nómadas’ (1999 – continúa) en sus primeros años de vida. Sin duda porque nacimos con pública voluntad de crítica académico-institucional. Y social. Lo que no ‘estaba bien visto’ en aquellos tiempos de ‘hegemonía y actualidad postmoderna’. ‘Progre’, naturalmente. Publicación ‘incómoda’, sobre todo, para quienes han utilizado la Universidad como ‘cortijo propio’ y referente de un modelo de entender y ‘gestionar’ cuanto llevara el sello de la institución, sin que nadie cuestione los intereses de la pandilla que lideraban. (Alguna/os pretenden seguir) 

Superados esos malos momentos (lo reconozco) ‘Nómadas’ ha consolidado una específica ‘Política Editorial’, que le ha hecho merecedora de un reconocimiento que nos alaga: el sello de identidad de ‘Nómadas’ tiene que seguir siendo el de una plataforma desde la que, al margen de status o ‘experiencias’, se difunda el pensamiento emergente ‘sin tener que pedir permiso a nadie’. Aunque, por supuesto, la respetamos, la nuestra nunca ha sido la ‘cultura institucional’. (La del Poder). Porque por cultura sólo entendemos la lenta (y eficaz) resistencia de aquellos que pretendemos nombrar la realidad desde otros ángulos de mirada: nos interesa lo que es (está sucediendo), lo que, en sí, genera ‘otros lenguajes escritos’. Como la producción artística y literaria y,especialmente, la del teatro y el cine. No en vano optamos por el subtítulo ‘Registro de pasajes y mapas en la cultura y el conocimiento’

© 1999, Román Reyes, Fundador y Director | Madrid, Diciembre del 2015

Foto: Oriana Fallaci (Florencia 1929-2006)

PRESENTACIÓN_ Editoriales

La Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas - Registro de Pasajes y Mapas en la Cultura y el Conocimiento, Portal de Revistas Científicas del EMUI_ EuroMed University y Portal de Revistas Científicas de la UCM [ISSN 1578-6730 - Depósito Legal: M-49272-2000], fué fundada en 1999 por el © Prof. Román Reyes. quien ostenta la titularidad de la marca y los derechos correspondientes. Se presenta como obligado complemento del Diccionario Crítico de Ciencias Sociales (Anthropos Ed. y Ed. Complutense, Barcelona 1988 y 1991; Plaza y Valdés, Ts 1-4, Madrid y México 2008). Con este espacio virtual se han abierto las puertas a otros analistas del lenguaje institucional, especialmente a aquellos que, por su fidelidad a los principios básicos del pensamiento libre y de la creatividad, no consiguen hacerse oir a través de los canales de difusión y medios de promoción instituídos. A ellas y a ellos ofertamos las páginas de esta publicación periódica, con la esperanza de que sirvan de puntual y eficaz plataforma de diálogo. La referencia, en estos tiempos de crisis, no puede ser otra: los retos que los guardianes de la modernidad nos hacen, aventurados diseñadores de modelos, pretendidamente globalizables, de formas de expresión, estilos de vida y organización socio-cultural.

Dada la, conscientemente perseguida,  provisionalidad de los textos que han ido generando las entradas que el Diccionario registra y difunde, se ofrece ahora la posibilidad de fijar, re-convertir en otras, tanto o más provisionales que las primeras, los (meta)textos de las correspondientes lecturas. O, si se prefiere, deseamos que nuestros lectores asuman el riesgo de contrastar los textos, adaptándolos a condiciones estimativamente nuevas: actualizando los discursos, una vez pasados por los filtros del lector y por los de su coyuntural medio, determinaciones psicosociales o intereses de la más dispar naturaleza.

Nómadas nace, por consiguiente, con la misma voluntad que desde 1985 viene definiendo la difusión de los originales de esos ya muchos más de 400 coautores de la obra y que se traduce en una firme y explícita apuesta por el respeto a los principios básicos de nuestra condición de universitarios. Es decir, la pluralidad, la tolerancia y el espíritu crítico. Consideramos que, en esa línea, es tiempo de ampliar la oferta a jóvenes investigadores o doctorandos, invitándoles a dar publicidad a sus respectivos proyectos, por muy parciales o provisionales que se consideren, estimulando el trabajo intelectual y la creatividad entre ellos. Sobra anunciar que, al respecto, en ningún momento vamos a limitar la nómina de colaboradores, por lo que contemplamos incluir en ella a destacados estudiantes de 2.Ciclo.

En tanto que oportuno y útil instrumento de trabajo, Nómadas no sólo puede convertirse así en plataforma de formación, lanzamiento o promoción de jóvenes promesas, sino que además servirá de plano de referencia para un debate permanente sobre aquellos temas que afecten a la actualidad más candente o que respondan a expectativas o prioritarios intereses de ciudadanos, usuarios de nuestros servicios. Ello determinará el ritmo y naturaleza de nuestro oficio, entendiendo que así, desde nuestra peculiar posición y responsabilidad, podemos contribuir mejor a un más fluido y fructífero diálogo entre la Sociedad y los Centros Superiores de Investigación y Docencia.


EDITORIAL  2012-2013

INVESTIGAR, EN TIEMPOS DE PENURIA

La suerte de publicaciones científicas, de amplio y reconocido impacto como Nómadas. Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas, está ligada a la fluctuante voluntad e intereses de los getores de los asuntos públicos.

Conviene, por ello, hacer historia. Conociéndola podría entenderse por qué se producen evitables "silencios del saber": Nómadas está a punto de cumplir 14 años de vida. La inciativa, originariamente recibida con recelo, es del Catedrático de la UCM, Román Reyes, quien, desde  entonces, viene dirigiéndola y administrando. Prácticamente, en solitario.

El recorte de recursos, supuestamente económicos, afecta a los recursos más importantes: los humanos. La voluntad de hacer es seña de identidad de esta publicación. No se entiende Nómadas sin una alta dosis de praxis. Es decir, de compromiso responsable con un oficio cada vez más desprestigidado y perseguido: pensar, sin pedir permiso a nadie. Y hacer que ese pensamiento circule. Compromiso responsable con unos destinatarios bien definidos: la ciudadanía. Más fuera que dentro de las instituciones académicas e investigadoras.

Hasta ahora podíamos contar con esporádicas colaboraciones de becarios (en intolerable situación de precariedad) a quienes transferíamos una más que simbólica cantidad. Pero eso también se nos impide ahora. Ya que, en concepto de "colaboraciones puntuales", sólo pueden abonarse honorarios (por muy ridículos que sean y aplicando las retenciones legales) a quienes estén en condiciones de emitir una factura (!!). Es decir, trabajadores por cuenta propia, autónomos, dados de alta como tales en Hacienda.

Esta situación nos ha desbordado. Desencantado. Entristecido: Somos humanos. Por nuestra condición de universitarios con voluntad de crítica somos, por ello, conscientes de que es absurdo esperar lo imposible: que se nos agradezca un trabajo de investigación, inherente a nuestro oficio. Es, simplemente, nuestra obligación. Y nuestra responsabilidad.

Convencidos de que, "en forzados tiempos de penuria", ya poco se puede esperar de las instituciones en materia de fomento y apoyo a la investigación, un grupo de investigadores de este Instituto Universitario asumen desinteresadamente y a partir de ahora la gestión burocrático-administrativa de Nómadas. Primer fruto de esta generosa colaboración es la publicación del número 34 (2012.2), colaboración que se presta con el explícito compromiso de publicar, en el plazo de un mes, los números 35 (2012.3) y 36 (2012.4), así como el Especial pendiente AméricaLatina_2012.

Agradecemos, por tanto, la comprensión que puedan dispensarnos.

Nila Torres Ugena, Secretaria Académica del EMUI_UCM
Borja Fontalva, Coordinador General del EMUI_Malta

Madrid / Malta, 14 de Abril del 2013


EDITORIAL  1991-2011

DOCE AÑOS DE RESISTENCIA

Se supone que la línea editorial de una publicación cumple una función (auto)reguladora. Sin apartarnos de nuestra posición de partida, la crítica es algo similar a un estilo de vida. Y la vida se confunde, a menudo, con un relato que no termina de contarse,  que se retoma cada vez que un nuevo episodio obliga a re-prensar el cuento.

Desde nuestro anterior editorial muchas cosas han cambiado, que recomiendan re-estructurar esta plataforma. Hemos hecho un prolongado paréntesis que genera preguntas. Provocador para algunos. Sugerente para otros. El tiempo que lo soporta no es, sin embargo, otro que el de la confusión o la duda que, a menudo, genera inseguridad. Como cualquier paréntesis, el nuestro es intersticio de un texto intempestivo. Los textos, con voluntad de permanencia, son necesarios cuando es posible la atribución. Cuando hay con-textos que garantizan la correspondencia: para (pretender)ver con más claridad cómo suceden las cosas y qué cosas realmente (nos)suceden. Sin paréntesis (corto o largo, cuestión de percepción) no es posible fundar la lógica de la continuidad, bajo forma de progreso. Pero también bajo la condición de permanencia en lo mismo, que lo otronombra/legitima al negarlo.

Nuestro silencio ha de entenderse antes como respeto. Jamás lo hemos guardado como acto de rebeldía. Frente a nuestros colaboradores o frente a las instituciones que representan. La rebeldía que el silencio solapa sólo tiene sentido a nivel de compromiso, praxis. Cuando se restringe el corpus de las palabras y se acota su función para que las cosas sólo soporten el sentido (justificación y uso) que ese corpus impone. Cuando el intelectual no puede hacer uso de una de sus principales señas de identidad: re-pensar el lenguaje para que las cosas, al ser nombradas de nuevo, circulen generando un consumo acorde con las necesidades y un disfrute justo y menos beligerante del medio. Generando, por tanto, un nuevo estado de cosas.

En estos últimos cinco años ha aumentado sensiblemente la demanda, generalmente cualificada, de investigadores adscritos a campos diversos y áreas plurales. De lo que nos sentimos honrados. La mirada de cada uno de esos investigadores, desde posiciones diferentes aunque complementarias, se ha ido adaptando al nuevo modelo de equilibrio inestable que los acontecimientos fuerzan. Asumir que es ahora, en consecuencia, tiempo de responsabilidad obliga al científico social a nombrar las cosas desde soportes teórico-discursivos renovados, violando, si es preciso, la lógica tradicionalmente inherente a la racionalidad académica.

Decir ahora conflicto es impensable sin localizar los focos o bolsas de resistencia. La localización es geográfica, es cierto, pero también cultural. El ritmo e intensidad de la demanda de derechos fundamentales no es idéntico en todos los escenarios, si bien determina el correspondiente ritmo e intensidad del escenario colindante. A diferentes niveles geográficos, igualmente cierto. Pero también a distintos niveles culturales.

Reivindicar lo propio es un objetivo genuinamente humano, más latente en determinadas épocas que explícito en otras. La resistencia se disfraza a menudo de sumisión cuando se tiene certeza de que los objetivos no van a alcanzarse a corto plazo. En este supuesto la sumisión es teatro, representación. Como su doble la tensión que genera cualquier representación es necesariamente in-tensa y ex-tensa a la vez. La sumisión recobra su nombre originario cuando la teoría está preñada de praxis, es decir, cuando existen condiciones objetivas reales para invertir el protagonismo político-económico. Si se ha sabido antes negociar otro tipo de racionalidad castrense. O se ha sabido reconvertir la violencia de Estado que las fuerzas del orden ejercen en nombre de y por mandato de ese mismo Estado. A eso llamamos, por ejemplo, primavera árabe que carga de sentido las perspectivas de cambio. Pero también de riesgo.

Razones, a nuestro entender, suficientes que nos ha obligado a duplicar la edición semestral por la que habíamos optado desde nuestros orígenes en 1999. Así, a partir de la entrega 17 (2008/1.1) venimos editando dos números por semestre. Lo que nos ha permitido una cierta interacción crítica a nivel temático y de posiciones teóricas. A nivel interdisciplinar y geográfico.

La correspondiente demanda, al mismo ritmo e igualmente rigurosa y cualificada, aconsejan rediseñar la estructura temática de los índices, suprimiendo el bloque Latinoamérica e iniciando una serie autónoma de sucesivos monográficos con el nombre de América Latina.

El status de excelencia del que disfruta nuestra Revista ha sido posible gracias al trabajo desinteresado de una red de evaluadores propios y externos. Pero, más allá de esta obligada formalidad, excelentes han sido a lo largo de estos doce años la gran mayoría de los trabajos que hemos publicado, porque excelentes son las firmas que los avalan.

Román Reyes, Madrid, Abril del 2011


EDITORIAL  14 (2006.2) Julio-Diciembre

Firmo el presente editorial cuando es obligado romper el silencio (o la indiferencia) y desear deseos no siempre deseados: que cualquiera pueda volver a casa porque es Navidad o, sencillamente, porque nos falte el abrazo. Dije (creí haberlo alguna vez afirmado) que volver tiene algo en común con en-volver (siempre olvido asociar otra variante, re-volver, pero son cosas que suceden porque uno, sin quererlo, lo evita o lo olvida a propósito ... por no con-fundir más de lo debido). Dije también que volver significa regresar, pero a su vez recuperar o repetir acontecimientos pasados. Regresamos siempre (o, al menos, lo intentamos) a un espacio de acogida, en donde el riesgo no debería existir. Regresamos (cree uno regresar) a casa, tomando como disculpa una celebración (o una despedida o pérdida). En los espacios de acogida (domésticos, antes que públicos) la mejor en-voltura es el abrazo de la madre ..., que nos recuerda cierres originarios, esferas míticas en donde la conformación de nuestra integridad era responsabilidad de un tercero. Hay otras en-volturas que simulan abrazos ... como el papel que esconde un regalo, si bien éstos son abrazos jamás clandestinos. Pero los regalos cada vez son menos singulares: nos resultan, cada vez más, abstracciones de abrazos y donaciones, que antaño sólo tenían un único y exclusivo destinatario. Hemos prostituido el imaginario hasta considerar normal que pueda comprarse papel de regalo. Tal vez sea ésta una oportunidad para despertar de un mal sueño ... para que los sueños pedan volver a soñarse despiertos. 

Y soñando despiertos esos sueños, sueños que generan realidad (al menos, en la intencionaldiad del soñador), uno (por coyuntura o por delegación, soñador primus inter pares) vuelve a echar cuentas, a mirar hacia atrás para poder ver mejor lo inmediato, el acontecimiento de la llegada que cualquier después supone: A partir del presente número Nómadas introduce nuevas herramientas en su presentación, al tiempo que difunde la información sobre el resultado del proceso de selección de originales. Entendemos adaptarnos así al formato y comportamiento de publicaciones similares con voluntad de excelencia, pero sin renunciar, en nuestro caso, a la crítica. Se completa, en función de estos cambios, un proceso de actualización que se inicia con el número 11 (2005.1) y que concluye (provisionalmente) ahora con la clasificación de los originales en función de su inclusión en las siguientes secciones: ActualidadEnsayoInvestigaciónLatinoaméricaRecensiones y Notas. Sin duda se confunden territorios o planos. Sin duda, a un determinado original le correspondería mejor sección, diferente a aquella en la que aparece. Sin duda, muchos originales tendrían que compartir secciones. Sin duda ... Pero ése es un riesgo que asumimos. De los errores que, eventualmente, a posteriori se detecten, somos resposables en exclusiva en tanto que Consejo de Redacción. El que a uno, en su caso, se les señale es, antes que inoportuno, un gesto a agradecer.

De las estadísticas que, a partir de este número, se difunden puede desprenderse que seguimos fieles al espíritu que, desde sus orígenes, viene definiendo nuestra política editorial y que podría resumirse, para el caso, con un término: equilibrio. Y es así cómo creemos respetar un complejo programa de representatividad institucional, calidad reconocible, profesionalidad demostrable y espacios geográficos plurales, que garantice paralelamente un lugar destacado, reservado a jóvenes investigadores.

Porque ese otro mundo, que se nos antoja posible, no termina de hacerse realidad, las recurrentes mentiras de influyentes políticos o estadistas, que convierten en ilustrado (léase, con legalidad sobrevenida) un discurso excluyente (de circulación hegemónica), no generan ni democracia ni paz, sino acumulación de riqueza, cada vez en menos manos. La vida, lamentablemente y a juzgar por el comportamiento de estos modernos salvadores de patrias, es sólo una ficción. Cuando la coherencia de sus mezquinos intereses les obligan a justificarmuertes de supuestos terroristas, entre los que es habitual incluir a niños o ciudadanos no-beligerantes (alarmantemente, cada vez más in crescendo) lo tapan, nuevamente, con cuentos. Hablan entonces de razones humanitarias para legitimar acciones militares más allá de sus espacios naturales (geopolíticos o histórico-culturales). Esas caprichosas intervenciones recibían nombres muy precisos en el viejo ordenamiento jurídico internacional: genocidio y crímenes contra la humanidad. Desgraciadamente el Tribunal de la Haya, que unos pocos controlan, jamás sentarán en el banquillo a todos sus protagonistas. Criminales de guerra, conocidos (porque están ubicados en un pretendido eje del mal), por conocer, porque pertenecen a un macabro club privado, que arrogantemente se consideran el obligado eje que niega o excluye al anterior.

Trágico cuento originario se transforma cada vez que ritualmente vuelve a contarse. Mentira originaria sobre la que se soportan tales decisiones con los habituales resultados. La noticia(sólo es noticiable lo que justifica o refuerza la violencia, cediendo actualidad a los violentos) se difunde a diario: historias de expansión económica y acumulación del capital narradas como si sólo de hazañas bélicas se tratara. Ya apenas conmueve la atrocidad de la barbarie, por su escandalosa recurrencia. Porque hemos perdido el pathos, o la capacidad de reacción, para guardar, a su vez, la coherencia (ya que se nos impide guardar silencio o recuperar la afonía originaria) seguimos contando un cuento de terror con el que paulatinamente nos vamos peligrosamente identificando, cuando no conviertiendo en cómplices.

Malos tiempos para la lírica, ahora morir de hambre es lo habitual: Porque los recursos propios (incluidos los culturales) los siguen expoliando otros o porque los recursos que nos pertenenen los despilfarran los esbirros que esos otros estratégicamente colocan en el interior. Es cierto que se muere muy a menudo en virtud de efectos bélicos colaterales. Y es triste que eso se permita ni exista legalidad internacional alguna con capacidad para impedirlo. Más triste, que las iglesias no intervengan. Pero es más cierto aún que se muere huyendo del hambre: no puede uno desaparecer más trágicamente que al negársele un recurso al que, por naturaleza, todos los hombres tenemos derecho. Sigue, por tanto, uno contando (intentando contar) un cuento nuevo, por si alguien olvida todos los cuentos, previamente contados (León Felipe). Sigue uno denunciando la regulación de los flujos migratorios, el empapelamiento de los ciudadanos con menos o nula fortuna, para que éstos ejerzan en otras latitudes un derecho fundamental que en sus paises de origen los eventuales paises de acogida (o sus mensajeros) les niegan.

Los rituales (religiosos o políticos) que dicen denunciar semejante barbarie, valen sólo el precio del espectáculo, sin que las plusvalías resultantes se inviertan en la lucha contra la desigualdad y el hambre, que dé sentido a un viejo propósito: respetar la dignidad humana, o mejor, de los seres humanos, como el más preciado de los derechos fundamentales. Esa fue la gran tragedia del Siglo XX, que se agudiza en el presente: invocar la condición de humano ya no es, lamentablemente,  garantía de nada, ni siquiera para preservar la propia vida.

Porque sentimos un enorme respeto hacia los creyentes, nos repugna la imagen de explotadores, dictadores o genocidas visitando los templos, es igual de qué credo, al día siguiente de haber ordenado el expolio o la masacre de turno. ¿Qué Dios va a permitir que semejantes blasfemos se postren ante sí invocando piedad?. Para justificarse bajo estas condiciones, para ser honest con o ante es igual qué Dios, el pecado original no podría seguir siendo una voluntad más o menos explícita de ser como dioses. Tales terroristas de Estado optan por reescribir los textos sagrados para catalogar ese pecado original como pecado sólo dis-culpable ante si mismos: porque ahora ellos pretenden ser los dioses verdaderos. Sus teólogos se forman en seminarios laicos, con prácticas en redacciones de periódicos, consejos de administración, ejecutivas de partidos o sedes de gobiernos. Por eso el terror es sólo la reacción de sus fieles y, en todo caso, de cualquier infiel (o conjunto de infieles) al credo que generan e imponen. Por eso sagrados son sólo los templos que ellos visitan. Los otros seguirán siendo, como mucho, supulcos o monumentos de una cultura caduca (Friedrich Nietzsche).

La naturaleza de las cosas que pasan (y que nos pasan) es una realidad en permanente desarrollo. No puede, por tanto, entenderse ni el conocimiento que de esas cosas vayamos (selectivamente) acumulando ni la investigación que desarrollemos para que ese conocimiento se adecúe al momento que les corresponda, si el conocimiento científico se apuntala sólo en la legitimid técnico-teórica de la que los correspondientes corpus y profesiones se dotan y en base a la que se modernizan. 

Ya que las posiciones son, a menudo, divergentes, Nómadas respeta, por ello, tendencias o lecturas dispares, visiones encontradas de la realidad. Confiamos, al reproducirlas, en que el diálogo sea posible, que los filtros que registran miradas diferentes sean más recíprocamente generosos. Sabemos que eso es posible si tales filtros sólo escalan miradas no impuestas. Hemos apostado por la singularidad, la diferencia (a veces, por la heterodoxia, por lo incómodo), para garantizar una repetición que no se identifique o confunda con la exclusión. Los tradicionales procesos de normalización, entendidos ahora como estrategias de globalización, buscan reprimir y comprimir para que los efectos de la exclusión no sean evidentes, para que no aparezcan como tales. Nominar es excluir y sólo nomina el que controla el discurso del poder: esquemas de pensamiento o visiones del mundo que deben circular con prioridad absoluta.Mientras tanto, no nos queda otra alternativa: ir más allá de la esperanza para forzar la llegada del abrazo o de la envoltura que lo oculta o simula. 

Román Reyes, Diciembre del 2006


EDITORIAL  07 (2003.1) Enero-Junio

Con la publicación del presente número Nómadas entra en su cuarto año consecutivo de existencia. A lo largo de este periodo hemos intentado ser fieles a los objetivos que el desarrollo del nombre anuncia y que se explicita en el subtítulo. Tentativas, ya que no otra cosa podíamos esperar ni mucho más prometer. Es decir, hemos apostado por una publicación crítica, porque el pensamiento crítico, tal como desde la Escuela de Frankfurt se entiende, es patrimonio de nuestro tiempo. Nos hemos propuesto ir más allá de textos cerrados, de esos discursos supuestamente armónicos que la racionalidad académica obliga a fijar y repetir, ignorando la disonancia. Olvidando que son otros los acordes que se filtran y clandestinamente circulan, burlando una armonía pre-establecida y excluyente. Son otras esas melodías las que a diario cuestionan la con-sonancia, que, por impuesta, no pertenence a un régimen de intereses que nos afecte ni a ningún orden que ignore la carencia o el deseo. Necesidades reales que, más allá de cualquier ética, la estética del poder absoluto oculta. Y ésa ha sido y sigue siendo nuestra apuesta.

No sé si la cantidad es razón que legitime un propósito. Como pretencioso sería también afirmar que hemos registrado los pasajes y que, por ello, hemos diseñado los mapas que hablen de esas modernas sociedades del saber ya adquirido o de aquel que no soporta identificarse tras nombre alguno. Ser nómadas, para nosotros, es resistirse a la efímera autocomplacencia, rendirse ante verdades a medias, discursos interrumpidos. Porque provisional es sólo la certeza de que algo nos pertenence, a pesar de que esa conquista no se corresponda con el objeto de nuestro deseo. Ser nómadas es, ciertamente, caer en la tentación y hacer las pausas que el cansancio imponga. Pero siempre y cuando, al día siguiente, la pérdida, el extra-vío continúe. La recurrente voluntad de infracción. Ser nómadas es aceptar que hemos perdido o nos han robado la inocencia y, con ella, el arraigo, la patria, que nos hemos quedado sin tierra. Por eso los modernos transeuntes están literalmente a-terradosSólo los mal-ditos mejoran este mundo, se nos antoja a menudo. Porque sólo podemos abrir estas páginas virtuales respetando sus no menos virtuales pliegues, la herida se reabre y la memoria se recupera, recordando entonces a ese extemporáneo y díscolo Jesús Ibáñez.

Ahora que por sociedades de información se entiende el sometimiento a reglas del discurso que no discurre, que sólo gira sobre sí mismo. Ahora que por comunidad internacional ha de entenderse la pertenencia a un club de élite, la forzada confluencia de intereses locales con un interés global, que no coincide con el de los pueblos, ni con el de la mayoría de los neo-colonizados ciudadanos que los constituyen. Ahora que es mejor repetir que negar. O guardar silencio como acto de rebeldía. Ahora que la voluntad de fragmento sólo se entiende si la fragmentación es sitemáticamente a-sistemática, es decir, parte de un discurso formalmente in-acabado, aunque efectivamente ya dicho, pronunciado. Ahora que la confusión ya no es garantía ni pretexto para asaltar las sedes de la razón, o del poder que la sostiene. Ahora que decir vecino sólo es posible si expulsamos fuera a los enemigos que llevamos dentro, o que algún travieso demonio se ha encargado de inocularnos. Ahora que el bien y la belleza no trasciende a los nombres que las definen. Precisamente por todo eso se impone ahora reivindicar la palabra in-correctamente pro-nunciada. Al margen de los circuitos de la normalización que el silencio de la modernidad ha consagrado. El silencio, o el sueño soñado en el umbral del día después.

Pero si la cantidad es razón que simule un incómodo propósito. Si la cantidad revela la voluntad de cambio y la complicidad en la correspondiente lucha por hacer que la transformación responda a intereses no dichos, Nómadas hace para ello cuentas, traicionando su explícita voluntad de sólo contar cuentos: en su nómina se registran ya 92 firmas con 131 textos. Lo que supone un índice terminológico de 261 entradas y un régimen de visitas sobre 4.200 por mes. Pero todavía no suficientes como para dar por bueno un discurso que desde 1999 lo consideramos cada vez más inacabado, porque cada vez resuelve menos enignas. Sin duda porque los señores de la palabra se repiten, sin duda porque la voluntad de huida es más fuerte que la voluntad de cierre, permanencia.

En este número conviven lecturas dispares, a veces, encontradas. Para algunos, inconmensurables. Pero ésa es, a nuestro entender, la lógica en la que se fundamenta el discurso crítico. Porque se lee desde posiciones de interés, el texto es tan sólo una disculpa. La lectura, la complejidad de lo leido, ha de interpretarse, pues, como síntesis de intereses: el que se atribuya al escritor y aquel por el que, en el momento de la lectura, un ocasional lector opte. Porque el escritor-creador nada oculta, el mensaje que transmite está libre de cargas. Porque es la frágil máscara de su tragedia, el escritor muere tras su obra cuando el lector desvela el misterio que sus textos esconde. Pero, a su vez, el lector va a sentirse en adelante atrapado en una lectura que ningún otro lector podrá repetir jamás.

Recuperar la afonía es, por tanto, una pasión in-útil. Ahora sólo recuperan la afonía originaria las diferentes víctimas de la explotación y de los genocidios modernos: unos, ante la pasividad cómplice y servilista de los gobiernos democráticos, que, más allá de la legalidad internacional, se convierten en lamentables muertos por comprensibles daños colaterales, como en Kosovo, Afganistán o Iraq. Como en Palestina, selectivamente asesinados. Otros están condenados a morir de hambre en paises exportadores de alimentos o con recursos sobrados. O, más trágico aún, por carecer de los medicamentos básicos que los paises explotadores les niegan. Como en Colombia, Brasil o Argentina, como en las zonas de los Grandes Lagos.

Porque toda guerra es intestina, como todo conflicto es endogámico. Y porque, antes de globalizar la riqueza, hemos globalizado la explotación de los recursos ya no hay espacio para el Olimpo. Los dioses ya no son manjares apetecibles que, a capricho, ritual o puntualmente consumamos. Simulamos, por ello, traficar con deudas que no contrayéramos, tragarnos la miseria de los pueblos para vomitar muerte sobre sus ruinas. Porque los diosos han huido de ellos para instalarse, impunes, en despachos más confortables, ni siquiera los monumentos ni los templos sirven ya para honrar la memoria de las anónimas víctimas del militarismo o de la moderna versión del fascismo que el pensamiento único legitima.

A lectores y visitantes, gracias. Y especialmente, gracias, a todos los que no han reprimido su obscenidad asumiendo un imprevisible riesgo al ocupar este espacio. Mientras tanto, las páginas de esta publicación siguen siendo páginas provocadoramente en blanco. Regiones no exploradas, que burlan fronteras. Para reescribir sobre los textos que el tiempo difumina. Porque las lecturas fácilmente se solapan, sin saturar planos. En la esperanza de que el atrevimiento sea perversa virtud que contamine a propios y extraños, es por tanto obligado activar nuestra sensiblidad para, recuperando nuestra específica condición humana, en nombre de todo el equipo que contra-corriente hacemos Nómadas, decir nuevamente gracias.

Román Reyes, Madrid, Enero del 2003


EDITORIAL  00 (1999.0) Enero-Junio

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Cualquier forma de registro necesita un soporte. Pero no cualquier soporte es válido para los objetivos que nos proponemos. Hay soportes que sólo admiten el simple registro. Otros, sin embargo, son permeables y facilitan las filtraciones: de lo registrado hacia el medio y desde éste hacia el registro. Así, los textos de la memoria, se convierten en instrumentos de legitimación efectiva de sus productos socio-culturales en forma de escritura. Los soportes son contextos, espacios que los intereses del conocimiento acotan sobre un plano o proyectan sobre una pantalla. Hojas en blanco o pizarras son los escenarios de la escritura. Hojas en blanco que se acoplan generando pliegues. Los pliegues fijan encrucijadas que permiten pasar o no, optar por una u otra dirección,  según el tipo de interdicción que afecte al caminante. O espacios singulares a los que necesariamente corresponde un pliegue único: espacios complejos que los límites de lo real o del imaginario fraccionan, un macroespacio en donde se fijan las fronteras de lo narrable sobre un soporte, pizarra o pedestal. O la di-fusión en el espacio, que niega o destruye los relatos.

La mancha de un texto oral. Pero también la sombra de una imagen que la luz manipula, detenida en un punto de una escala cromática, de unos sonidos multiescalables, que identificamos armónicamente cruzados y en los que podemos reconocernos . Manchas, luces-y-sombras y sonidos evocadores, con voluntad de mirada, con ánimo de escucha. Con voluntad de lectura. Con voluntad de pasaje. Pasaje es la relación o camino entre un punto y su equidistante, la tensión entre pares de opuestos. El paseante legitima con su camino los polos de la oposición: paga un peaje. Pagar un peaje es atenuar esa tensión, activar la fluidez. Para dis-currir desde lo uno a lo mismo: para volver a retomar su originaria función de caminante. Aunque tenga que pagar un nuevo peaje, re-cargar la tarjeta de tránsito, actualizar los visados.

Pasajes son secuencias en cadena. Registros son cómputos descriptivos y nómina de objetos encontrados. Un cómputo es la suma de cifras, pero también de textos. La nómina agrupa esos textos y asigna a cada uno un nombre, les atribuye una función dis-cursiva. Hay, sin embargo, miedo a poner nombres a las cosas y a registrar a continuación esos nombres, miedo a escribir. Porque la escritura implica riesgo, es obscena, por principio: se escribe para curar, para reconciliar/recomponer un cuerpo roto. O se escribe para mostrar(se). Hay quien dice escribir para matar, pero el asesinato es un suicidio con mala puntería. La escritura objetiva los textos de la integridad, los fragmentos de lo singular. Al objetivar esos textos son ya definitivamente de dominio y consumo público.

Fijar un texto es ocupar provisionalmente un sitio o lugar, adoptar una posición o asumir una función. Fijar un texto es anotar acontecimientos, narrables o mostrables. Y anotar también las imágenes y los textos del deseo, reprimido o soñado despierto. Y los sonidos del silencio, el discurso, mucho más elocuente si cabe, que se activa cuando el hablante calla: aquellos que se escuchan en ausencia de productor-creador. La anotación es el resultado de la conjunción de actores y medios. Los medios son instrumentos de fijación y de reconocimiento. Los planos son condiciones de registro, pero también pre-textos para la de-construcción y la de-codificación. Al final de la escritura quedan tan sólo los textos del deseo y las imágenes que evocan.

El pensamiento y la cultura son estructuras recorridas por planos/escenarios/líneas trans-versales. Uno se deja recorrer/deslizar por ellas. Uno se deja trans-ducir a través de estas formaciones complejas. Se siente uno trans-ductor atrapado en estas redes del conocimiento.

La trans-ducción es el pasaje que diseñan los cuerpos. Son los cuerpos mismos en movimiento --objetos in-quietos-- los que re-conocen pasajes, quienes que por ellos discurren. Y los sentidos --naturaleza y dirección del interés-- que la presencia y posición de estos cuerpos marcan. Los cuerpos son siempre construcciones in-acabadas, pero con voluntad recurrente de (auto)con-formación. Hay, sin embargo, otros cuerpos-obstáculo sin esa voluntad, cuerpos pre-constituídos y que no asumen riesgo alguno. Su sentido no es otro que la re-currencia: desear re-gresar al sentido originariamente marcado. No hay en ellos otra finalidad, niguna voluntad de pro-greso: su sentido no es traducible en discurso, camino ... o método. Su voluntad es auto-complacencia, re-con-formación. Nada más. Su interés es de permanencia y su naturaleza, inmóvil, permanente quietud. El suicidio, en estos casos, sería obligadamente asesinato con mala puntería.

Peso o insoportable levedad de los cuerpos, peso o insoportable carga de cuerpos exponenciales saturados de cuerpos-objetos, saturados de prótesis para manipular/desplazar esa carga. Cuerpos sociales, cuerpo místico ... El cuerpo del amor-odio, genuina república del tráfico de/para los productos del deseo. El (pseudo)reino compartido de eros y thánatos.

Mientras se-está-pasando se re-conocen se-ductores pasajes. Los cuerpos protagonistas o actores se sienten invitados a seguir teniendo como referente un nuevo cruce de caminos, a descubrir la inter-dicción que les corresponda. La trans-ducción es, en definitiva, una vía con sentido de circulación obligado. Respetar ese sentido es dejar huellas, fácilmente reconocibles por las arqueologías del saber.

Esta es la recurrente historia de la incompletud. De actores que no terminan de saciarse. Siempre en la encrucijada: de objetos di-fusos y sujetos in-corpóreos, a cuerpos -- sujeto-objetos--  con-fusos. Siempre en la encrucijada. Los lugares de los nombres comunes, de la legitimación del movimiento y del sentido. Siempre en ese cruce en donde los cuerpos toman conciencia de su condición de trans-eunte, desde donde inician un nuevo recorrido, una nueva etapa de/para una posterior nueva pérdida, una con-fusión de orden superior. De/para un eventual encuentro en la nueva encrucijada: los no-lugares de/para la complicidad.

Un conjunto de pasajes es un mapa. Trazar un mapa es haberse sentido trans-eunte, "de paso" por un territorio, hoja en blanco, cuaderno, pantalla o plano. Sentirse protagonista en un territorio no-descrito: saberse un perdido. O sobre un territorio pre-scrito: las fronteras o límites de los saberes y de sus productos describen siempre "territorios históricos". Sus guardianes, los gestores del interés discursivo, los lenguajes institucionales, refuerzan la pre-scripción. Saberse un integrado, un cómplice. Los otros, sin embargo, por su condición de eternos desplazados circulan por los espacios del desarraigo, por territorios pros-critos, que sólo recorren cuerpos mal-ditos. E ir tras esas huellas no es tarea tan fácil para los arqueólogos del saber.

Con este singular registro de pasajes y mapas abrimos las puertas a otros analistas del lenguaje institucional, especialmente a aquellos que, por su fidelidad a los principios básicos del pensamiento libre y de la creatividad, es decir, pluralidad, tolerancia y espíritu crítico, no consiguen hacerse oir a través de los canales de difusion y medios de promoción instituídos. A ellas y a ellos ofertamos las páginas de esta publicación periódica, con la esperanza de que sirva de eficaz plataforma de diálogo teniendo como referencia crítica los retos que nos lanzan los guardianes de la modernidad: aventurados diseñadores de modelos pretendidamente globalizables de formas de expresión, estilos de vida y organización socio-cultural.

En tanto que oportuno y útil instrumento de trabajo, Nómadas no sólo puede convertirse así en plataforma de formación, lanzamiento o promoción de jóvenes promesas, que se arriesgan a leer y a escribir de otra forma. Pretendemos que además sirva de foro de encuentro --siempre abierto--  para un debate siempre renovado sobre aquellos temas que afecten a la actualidad más inmediata o que respondan a expectativas o prioritarios intereses de esos ciudadanos, reales o eventuales usuarios de nuestros servicios. Ello determinará el ritmo y naturaleza de nuestro compromiso, entendiendo que así, desde nuestra peculiar posición y responsabilidad, podemos contribuir mejor a un más fluido y fructífero diálogo entre la Sociedad, el Mercado y los Centros Superiores de Investigación y Docencia.

Román Reyes, Madrid, Mayo de 1999